Hay cafeterías que quieren ser librerías, otras que quieren ser oficinas con WiFi, y luego están las que quieren ser cafeterías. El Carajillo, en la 73 con Caracas, es del tercer tipo. Tres mesas pegadas a la ventana, una barra de mármol con dos taburetes y un espresso bar funcionando como un metrónomo.
Pedí un cortado y, sin que lo preguntara, el barista me hizo señas con la mano: "está saliendo un Caturra de Inzá, lavado, hoy". Le dije que sí.